La Stormbird se debatía contra las fuertes corrientes de aire que azotaban la parte más escarpada de la cordillera nevada. Los pilotos hacían su mayor esfuerzo para mantener la nave a una altura baja por el abismo para evitar los radares enemigos, la noche y las oscuras nubes de tormenta en el cielo, junto con la ventisca eran el camuflaje perfecto para encubrir a la poderosa nave y el reducido convoy que la seguía, sólo unas pocas cañoneras stormraven con refuerzos para las posiciones del flanco. Una aeronave de menor envergadura hubiera sido destrozada casi al momento de entrar en la tormenta, no podían llegar hasta la posición estratégica por medio de cápsulas de desembarco, las fuerzas enemigas tenían gran cantidad de baterías de armas antiaéreas, y si bien, una buena parte de ellas habían sido saboteadas, aún no era el momento de revelarlo. Por todo ello la misión era tan importante.
“No estar donde el enemigo quiere que estés”, “No estar donde el enemigo cree que estás”, “La justicia sin fuerza es impotente, la fuerza sin justicia es tiránica” … Shan Tii repetía una y otra vez los axiomas de combate de su capítulo, para él, era como un mantra sagrado, sólo un poco más arriba de los Misterios y Advertencias inculcadas durante su iniciación como Frater Astrotechnicus.
Se encontraba cerca del generador y la computadora central de la Stormbird “El Nido Glorioso”, los servidores estaban en modo suspendido, armas, municiones, incluso un par de landspeeders habían sido acomodados en la amplia bodega de la nave. A pesar de la fuerte turbulencia el resto de la tripulación se encontraba lo más callada posible en la zona de transporte. Shan encendió los seguros magnéticos de sus botas con un gesto, su servobrazo y los mecadendritos conectados a su espalda le ayudaban a avanzar casi en total silencio mientras revisaba los sistemas por enésima vez.
El espíritu máquina de la nave, era indomable, ágil y fuerte. Shan lo conocía y éste lo reconocía a él como el encargado de cuidar y proteger todos sus sistemas. Shan seguía siendo tan diestro en la guerra como sus hermanos, pero desde su instrucción en Marte algo había cambiado, no sólo había cambiado la armadura color carbón por un rojo óxido, algo más lo distanciaba de sus hermanos. Por esa razón se encontraba ahí, con el espíritu máquina de la nave. Para encontrar solaz en medio de la tormenta; pero en este momento el espíritu máquina parecía al borde del colapso, controlando cada alerón, cada propulsor y mecanismo, de pronto, un fuerte golpe ladeó la nave de tal forma que aún con sus apéndices mecánicos Shan sintió un fuerte tirón hacia el frente, múltiples signos de advertencia se dispararon en la interfaz visual del casco. El Espíritu máquina aullaba…
La stormbird fue alcanzada por lo que parecía una avalancha poco antes de poder coronar la cima de la cordillera, en medio del rugir de la tormenta la aeronave fue tragada casi por completo por el alud de rocas, hielo y nieve que caían desde la parte más alta de la cordillera amenazaban con aplastar la nave y lanzarla hasta lo más profundo del abismo. Con el último impulso de sus potentes motores la destruida nave logró pasar la cordillera por muy poco, toda la mitad frontal se impactó contra la cima. Dando una vuelta de campana la aeronave viró y se partió antes de caer pesadamente al otro lado. La parte posterior perdió las alas, que se precipitaron, una hacia el abismo por donde habían llegado y la otra se despedazó ahí mismo.
La cabina y la zona de transporte estaban aplastadas como si fueran sólo de hojalata, la zona de carga, sin el estorbo de las alas rodó montaña abajo aparatosamente seguida de una segunda avalancha.
Cuando Shan volvió en sí estaba envuelto en oscuridad total, pero uno de los servidores estaba haciendo un ruido extraño, como un ronquido, se había activado por accidente y una brillante luz roja le iluminaba la cara. Los sistemas de su casco le indicaron que sus huesos rotos ya se encontraban en proceso de reparación y ninguno de sus órganos vitales estaba comprometido.
Durante su atropellado descenso había perdido su hacha, algo imperdonable para muchos tecnomarines, pero no para él. Siempre había preferido las garras relámpago sobre otro tipo de arma de combate y aún entre su capítulo, donde se favorecía mucho ésta arma, él se había ganado el mote de “Garras”.
Con ayuda de la iluminación del servidor y de las luminarias de su casco Shan Tii “Garras” analizaba la situación en la que se encontraba, sus procesos mentales se aceleraban cada vez más, era necesario actuar de manera ordenada y sistemática, separando pensamientos y ordenando prioridades como le habían enseñado en Marte. En tan sólo unos segundos Shan había hecho un inventario completo de lo útil y rescatable de la zona de carga con la que se había desplomado, el 90% de las municiones y armas que componían el cargamento seguían ahí, los landspeeders habían sido dañados en gran manera, algunos servidores aún eran funcionales. Pero de nada serviría si no llegaban los suministros a tiempo.
Con el tiempo como enemigo, Shan equipó a ése primer servidor con una pala y un martillo neumático para abrirse paso al exterior ya que al parecer habían quedado sepultados por el alud que siguió al descenso de los escombros de la nave, mientras el servidor R0d070 se ponía a realizar su tarea de manera mecánica, Shan equipó algunos más para abrirse paso tras la luz rojiza.
Mientras los servidores se abrían paso hacia el exterior a Shan se le ocurrió una idea. Si aún la tormenta seguí ahí afuera y después de todo habían ocurrido muchos deslaves y avalanchas, tal vez lo mejor sería mantenerse por debajo de la nieve compactada, nadie se percataría de su avance y estarían resguardados de las dificultades climáticas.
Después de más de una hora abriendo una bóveda en la nieve Shan y la docena de servidores útiles habían sacado las cajas de armas y municiones. Una hora después algunos paneles antigravíticos provenientes de los speeders estaban afuera y preparados. Shan Tii era un experto en el trabajo de Arkan Land, así que con los debidos rituales podría hacerlos funcionar en una variante de deslizador gravítico.
El teniente Philius Puer oteaba el horizonte en dirección a la humeante ciudad, quedaban tan sólo unas horas para el ataque coordinado, sus infiltradores habían regresado con informes perturbadores de las fuerzas enemigas resguardadas en la ciudad y sobre todo acerca del líder. Pero aún no había señales de los refuerzos o de los suministros que necesitaban con desespero ya que su contingente había sido el primero en llegar al planeta y durante semanas había librado una guerra de guerrillas como sólo la Guardia del cuervo sabe hacerlo, siempre habían sido superados en número, pero las municiones y armas estaban escaseando. Una vez que la ciudad fuera atacada, los traidores se volverían hacia el bosque hacia los bunkers y refugios que Philius y sus hombres acababan de reclamar y suplantado a las fuerzas caóticas, así que debían resistir. Tal vez esta endemoniada tormenta ya había reclamado su parte en la guerra.
Según los informes de inteligencia la guardia local había presentado fuerte resistencia, pero terminó siendo doblegada, se tomaban el mayor número de prisioneros posibles y eran recluidos en edificios cerrados, a la entrada de cada uno de ellos había grandes piras donde eran inmolados civiles y milicia por igual. El denso humo entraba a los edificios, envenenaba y desmoralizaba a los que seguían con vida. Pero tal vez lo peor de todo es que la mayor parte de esos prisioneros eran atrapados por el líder enemigo.
Anteriormente un señor del caos, ahora gracias a la magnitud de sus sacrificios había sido ascendido a príncipe demonio. Su cuerpo había crecido en sobremanera, su armadura estaba oculta bajo un denso pelaje largo y áspero de color negro como el carbón, grandes cuernos de carnero habían crecido en la frente de un casco que ya no era posible quitar; en su espalda la fuente de poder de su armadura había cambiado hasta convertirse en una especie de cesto o jaula gigante en donde éste ser metía a todos aquellos desgraciados que lograba atrapar. Sus seguidores, principalmente marines del caos y cultistas iban cercando la ciudad mientras el demonio se regocijaba atrapando a lo restante de la población.
Faltaba sólo media hora para el amanecer, Shan Tii estaba exultante, si bien aún no debía cantar victoria, su plan había salido mejor de lo esperado. Luego de avanzar por horas en los túneles había localizado unas señales idénticas a las de las escuadras que él daba por perdidas, así que salieron al exterior y se encontró primero con una escuadra de sus hermanos sobrevivientes, así en el trayecto hacia el punto de reunión encontró y rescató primero a una, luego a otra y otra, hasta reunir una fuerza considerable, algunos subieron al trineo improvisado, otros más tomaron jumpacks de los suministros que había rescatado Shan y seguían el paso ocultos por el bosque.
Había llegado la hora convenida, con una coordinación casi antinatural comenzaron a caer cápsulas de desembarco en la parte sur de la ciudad, thunderhawks dejaban fuerzas en los distritos oriente y poniente, las baterías de armas antiaéreas de la ciudad tardaron en responder y cuando lo hicieron muchas fallaron o explotaron. El ataque hacia la ciudad estaba siendo un éxito.
Philius ordenó a sus fuerzas formar barricadas, plantar minas y formar trampas, las primeras oleadas de vehículos acorazados de transporte y de cultistas de a pie llegaron en desbandada antes de una hora de que haber empezado el asalto, los más rápidos cayeron en cuanto llegaron a la supuesta seguridad del bosque. Cuando fueron demasiados, los infiltradores detonaron las minas que segaron muchas vidas y a la vez dificultaron el paso hacia el bosque, pero eran demasiados, y entonces lo vio…
Por encima de los rhinos y otros vehículos divisó al príncipe demonio, lanudo, astado, largas piernas terminadas en cascos hendidos, el casco había formado una boca llena de colmillos de la que salían improperios blasfemos y chillones; de un gran salto cayó en el bosque y con una velocidad inhumana encontró a las fuerzas de cuervos parapetados tras sus improvisadas protecciones, con su gran hacha partió un par de ellos por la mitad mientras las cadenas y cencerros que cubrían su cuerpo repiqueteaban fuertemente y añadían su sonido a la creciente cacofonía de disparos explosiones y gritos. El demonio saltaba y mataba, doquiera que llegaba cobraba vidas de leales siervos de El Emperador. Philius y su escuadra exterminadores salieron a plantarle frente y lograron frenarlo un poco, pero sin municiones y en el cuerpo a cuerpo cada pase de hacha endemoniada desmembraba o incapacitaba a uno de sus guardias; la espada de Philius detenía tantos golpes como podía y con cada uno su fuente de poder titilaba. A su alrededor los números poco a poco los iban superando, en algunas zonas las municiones se habían
terminado y ahora las espada-sierra y los cuchillos tendrían que trabajar muchas veces más de lo que se había esperado.
Conforme Shan Tii y sus hermanos se iban acercando al campo de batalla el sonido de ésta se acrecentaba, con un gran sentido de urgencia, las escuadras de jumpacks se separaron del trineo para ir a ayudar antes de que fuera demasiado tarde, Shan activó los propulsores que había guardado para el final de la travesía.
En pocos segundos recorrió los pocos kilómetros que lo separaban de la refriega, el trineo salió disparado, literalmente volando y llevando por delante a los servidores que habían estado jalando de él. Para cuando llegaron a la zona de guerra los leales estaban acorralados en varios reductos y mientras sobrevolaba la zona Shan y otros de sus hermanos dejaban caer cajas armas, municiones, granadas o disparaban hacia los enemigos.
El teniente Philius y otros dos de sus exterminadores aún estaban enfrentándose al demonio astado cuando el deslizador, una docena de servidores, y algunos marines espaciales cayeron sobre la bestia. Un crujido húmedo resonó por encima del clamor de la batalla, Philius, y sus exterminadores, un tanto confundidos por la escena observaron la roja armadura de Shan Tii y las negras armaduras de otros hermanos cuervos emerger de los escombros.
-Para tí, teniente Philius, un martillo trueno como solicitaste al armorium del capítulo. – dijo Shan mientras entregaba con su servobrazo el arma enfundada en una gran caja. Al mismo tiempo los ayudantes de Shan entregaban nuevas municiones de bólter a los exterminadores y salían para unirse a la batalla.
El demonio emergió de entre los escombros, el prometium de los motores le quemaba, uno de sus brazos parecía roto en varias secciones y uno de sus cuernos había sido partido. Las cadenas y cencerros repiqueteaban y la jaula de su espalda había quedado tirada en la nieve. A una, los exterminadores comenzaron a disparar mientras Shan y Philius flanqueaban al demonio, uno por cada lado. De un fuerte golpe en la rodilla Philius hizo trastabillar al demonio y de un revés lo hizo caer de rodillas mientras Shan lo aguijoneaba y laceraba con sus mecadendritos y el servobrazo. El demonio rugió y puso una mano en el piso para intentar incorporarse, pero antes de que lo hiciera Philius rompió su espalda y Shan Tii cortó el cuello con sus garras relámpago. La batalla había terminado…
La tormenta había cesado al poco de caer el demonio, las fuerzas traidoras habían sido perseguidas y eliminadas, el planeta había sido liberado, ahora en el centro de mando de la ciudad recuperada, el recién instituido comisario de la guardia planetaria y el gobernador presentaban sus respetos al teniente y al tecnomarine por haber matado al demonio. Los sobrevivientes al horror de esas semanas salían a festejar en las calles que se consideraban seguras, además, era Sanguinalia.
– Que pase feliz Sanguinalia teniente Philius –
– Feliz Sanguinalia para ti también Shan Tii Claws -.
Axel “73xV” Lucio





