El capitán Tor Halsor es nativo del planeta Inwit, el planeta de reclutamiento de los puños imperiales, el planeta es un lugar frío, carente de recursos naturales y de un perpetuo frío que asola el planeta, fijado por su órbita, una oscuridad perpetua cubre una cara del planeta, mientras que la otra siempre está bañada por una débil luz solar.
El mundo que les recibe al nacer les enseña que la muerte adopta muchas formas distintas: tormentas de hielo que pueden congelar y enterrar a un hombre en segundos, pálidas criaturas marítimas que acosan los gélidos mares saboreando de manera sobrenatural la sangre y criaturas con garras enormes que acechan desde la oscuridad en las montañas y acantilados helados de Inwit, todo en el planeta grita muerte y desesperanza.
Pero de entre todo esa crueldad, frialdad y desaliento, hay algo que destaca, un brillo de luz que no se deja vencer ni solapar a pesar de todo: su pueblo.
Para las personas nacidas en una de las tantas tribus nómadas que pueblan el planeta, desde pequeños se les enseña a defenderse y valerse por sí mismos, ya que en un planeta en el que el precio de la debilidad es la muerte, tanto para ellos como para el resto de su tribu.
Uno de tantos ellos, fue Tor Halsor, que desde joven demostró una gran valentía y habilidad como estratega, líder y combatiente, tanto contra las criaturas que asolan el planeta, como contra las demás tribus que peleaban por ser el clan dominante del planeta.
Decidido a convertirse en un recluta de los puños imperiales, se esforzó en mejorar todas sus habilidades, tanto físicas como mentales, su resistencia al dolor y su destreza.
Tor superó todas y cada uno de los desafíos que se le presentaron en el reclutamiento, desde su iniciación en las pruebas de destreza, habilidad de disparo e inteligencia, hasta en el “túnel del terror” donde se les expone a frío y calor extremos para ponerlos a prueba cuanto pueden soportar.
Tor nunca se rindió y ascendió poco a poco de rango entre las filas de los puños imperiales, como una fuerza imparable, Tor arrasaba con sus enemigos, tanto del caos como xenos y herejes, en asedios como en batallas a campo abierto, él siempre se encontraba al frente como un guerrero infatigable, como un bastión contra la oscuridad y el terror.
Tor se enfrentó a alzamientos de los Gene-Stealers en las ciudades colmena a punto de caer, cuando toda esperanza estaba agotada, Tor y sus hermanos Astartes, renovaron la fe de los ciudadanos y recuperaron el control del planeta.
También se enfrentó a las fuerzas aterradoras de tiránidos en los planetas externos del sistema solar, como una fortaleza inquebrantable, un muro infranqueable, las hordas de tiránidos morían a sus pies, sin retroceder, sin miedo y sin titubear, Tor lideró a sus hermanos a la victoria una y otra vez.
Balanceando su espada de energía de un lado a otro, azotando con su puño de combate y disparando su arma Bólter con la determinación que solo el Emperador provee a sus guerreros, Tor luchó contra las legiones del caos, contra sus antiguamente hermanos, ahora aberraciones desfiguradas por los dioses del caos, Tor llevó la luz del emperador a los rincones mas oscuros del imperio de la humanidad extinguiendo la mancha del caos.
Tor mira a los ojos de sus enemigos y los cierra abruptamente con un golpe de su puño, arrancando el torso mutado de los Hellbrutes de su sarcófago, rompiendo las piernas de los demonios y expulsándolos de nuevo al Inmaterium, Tor Halsor representa todo lo que su capítulo de los Puños Imperiales y los marines espaciales simbolizan, un baluarte contra el terror y los defensores de la humanidad.
Tor y su compañía, se dirigían a un mundo gélido en el sector exterior del Segmentum Obscurus, ya que habían recibido una señal de auxilio en los canales de comunicación del imperio, la señal era débil, estaba dañada y no se entendía la mayoría de lo que decían, lo único que era claro en el mensaje eran las siguientes palabras: “ya vienen, se avecina la noche y ya vienen, podemos oírlos en el viento…”
Al llegar al planeta, se desplegaron las naves de reconocimiento para intentar hacer un mapa exacto de la superficie y planear una estrategia de defensa y rescate, pero el planeta estaba cubierto por una espesa tormenta de nieve que impedía que cualquier reconocimiento fuera imposible, tanto por las temperaturas tan bajas como por el grueso de la nieve que cubría los lentes de los sonares y cámaras, lo único que aparecía en el scanner era una fortaleza de un tamaño mediano que era de donde se había originado la llamada de auxilio pero no se detectaba ningún movimiento ni calor.
Tor y una escuadra de marines intercesores decidieron bajar para buscar supervivientes y el enemigo del que eran presas, bajaron cerca de la fortaleza, a un centenar de metros de ella, ya que no querían caer justo dentro de fortaleza por si llegase a ser una trampa, caminaron con cuidado y despacio, ya que la tormenta no les permitía moverse con rapidez y la visión era mínima, se acercaron a las puertas de la fortaleza pero no encontraron nada ni a nadie, no había señales de batalla, sangre o casquillos de armas, solo había frío y silencio.
Tor llamó a una segunda y tercera escuadra para ayudar a revisar la fortaleza y el perímetro, pero no hallaron nada, Tor ordenó a la segunda escuadra a patrullar el perímetro de la fortaleza para evitar alguna ofensiva enemiga, la tercera a guarecer las puertas de la fortaleza y él se dedicó a explorar el interior de la fortaleza.
La Thunder Hawk que los llevó a la superficie del planeta tuvo que subir de nuevo a órbita ya que las turbinas empezaron a dañarse por el frío y el hielo que empezó a formarse en sus alas y motores, dejándoles completamente solos en el desolado páramo.
Dentro encontraron algunas velas pequeñas aun encendidas apunto de apagarse, aferrándose a la vida mientras su luz se atenuaba lentamente, siguieron caminando por los pasillos hasta que encontraron la cámara de comunicaciones, en el que se lanzó la petición de auxilio, se dieron cuenta que la solicitud de
ayuda era una grabación que tenía días en repetición, en ilusión de que alguien la escuchara y fuera a su rescate, pero no había nadie a quien rescatar, nadie a quien salvar.
Tor sintió dentro de si un mal augurio, una sensación de frío recorrió su cuerpo, revisó sus sensores para analizar si algo había cambiado en el ambiente pero no detectó ningún cambio, el frío que sentía era un frío anormal, un frío que de alguna manera le decía que auguraba un mal que se acercaba, Tor no dudó en tomar medidas precautorias y ordenó a la segunda escuadra que bajaran de los muros y se reunieran en el centro de la fortaleza, a la tercera escuadra le ordenó cerrar la puerta, barricarla y reunirse con sus compañeros, Tor salió a toda prisa y ordenó a sus hermanos que improvisaran unos muros defensivos con lo que se encontraran cerca; puertas, rocas, escritorios, lo que pudiesen encontrar para protegerse.
Tor lanzó una llamada de auxilio a la nave en órbita para que los recogieran de manera inmediata, no deseaba esperar a que fuera lo que fuera que los acechase en la oscuridad, se revelara ante ellos, la llamada no fue respondida y lo único que se escuchaba era estática, de repente, el suelo crujió bajo sus pies y un grito solapó el ruido de la ventisca… “tiránidos…” Tor se dijo a si mismo en voz baja.
“Hermanos, prepárense para la batalla, que la luz del Emperador guie nuestras balas y su fuerza meza nuestras espadas, cualquier criatura que atraviese nuestros muros, ustedes no retrocederán”.
Sus hermanos se prepararon, adaptaron los escombros como soporte para los Bólter pesados y se replegaron en todo el muro, segundos después, se escucharon cientos de aullidos seguidos de un mar de hormagantes que se arrojaban sobre los muros para saltarlos en búsqueda de su presa, detrás de ellos se encontraban los Swarmlords dirigiéndolos, de inmediato todos los bólter rugieron y un baño de plomo y fuego llovió sobre los tiránidos, evitando que se acercaran, pero eran demasiados y se movían rápido, en cuestión de segundos ya estaban casi sobre ellos, Tor saltó de los muros acompañado de su escuadra y se enfrentó a los Swarmlords y demás tiránidos que se atrevían a acercarse demasiado, lucharon codo a codo, espalda contra espalda, pero poco a poco empezaban a replegarse debido a que el espacio donde peleaban se reducía, ya sea por los cadáveres que caían en combate o porque los empezaban a sofocar, era cuestión de tiempo antes de que los tiránidos se desbordaran sobre ellos.
Cuando todo estaba perdido y la esperanza era poca, la gracia del emperador renovó su espíritu, una luz en el cielo los iluminó, eran las Thunder hawk que venían a su rescate, la llamada de auxilió sí pudo llegar a su nave principal pero llegó con retraso, los Thunder hawk llovieron fuego sobre los hordas de tiránidos y los obligaron a retroceder, mientras algunas naves distraían a los enemigos, una de ellos bajó para que las tropas pudieran subir a la nave y así escapar.
Alfredo “Alfred” Sánchez





