Es el vigésimo cuarto día de combates encarnizados entre la 12º división de la casta de fuego del imperio Tau y el 21º batallón humano asignado a detener el avance en ese sector de la galaxia, que si bien carece de recursos clave o una posición estratégica se ha vuelto una cuestión de orgullo para el altivo imperio humano cuyos altos mandos están peligrosamente encolerizados por los planetas “conquistados” por medio de argucias diplomáticas y promesas de un mejor futuro dentro del inevitable “bien supremo”.
Y es en uno de estos planetas, en el diminuto y remoto mundo de Nat a Tavi que se desarrolla esta cruenta batalla donde palmo a palmo se pelea con ardor y cada roca se disputa como si poseyera un valor clave incalculable.
Este tipo de furia en batalla que alcanza niveles de frenesí son comunes en las huestes más legendarias del imperio e infunden miedo por igual a aliados y enemigos del emperador pero para el joven general Shas´Vre Autal a cargo de las tropas TAU es algo sorpresivo que supera por completo todas las historias que había escuchado al respecto y aunque ha recibido el impecable entrenamiento de la casta del fuego en su interior en momentos se siente desbordado por la situación aunque acorde a los estoicos principios de su formación castrense no deja asomar ante sus subordinados el menor asomo de duda o debilidad.
En el otro frente las cosas no van mejor, detrás de toda la parafernalia reinante y aunque la lealtad al emperador y sus designios son absolutamente incuestionables el comandante en jefe de la operación Axaelus III se encuentra completamente contrariado en su interior; el preferiría estar enfrentando una interminable horda de malolientes e imprevisibles pero poco disciplinados orcos o incluso liderear alguna incursión de liberación para arrebatar algún planeta de las fuerzas del caos que enfrentar a esta raza de la que hasta hace muy poco no se sabía absolutamente nada y que de un breve lapso para acá se empieza a convertir en una inquietante presencia en algunos sectores de la galaxia y que no tiene las debilidades de sus otros oponentes; y peor aún no entiende porque pelear por una roca estéril que en tan solo pocos días paso de una vitalidad pasmosa a quedar cubierta de una hostil nieve de la que apenas se pueden extraer los recursos indispensables para la subsistencia de una pequeña base de avanzada y alguna población flotante a su alrededor en un increíble contraste con los meses cálidos donde la vida pulula por todas partes.
Sin embargo, él sabe que no solo sería inútil externar sus dudas ante sus superiores, sino que podría catalogarse incluso como una perturbadora falta de fe en los designios del emperador y esa es una acusación que ningún comandante quiere enfrentar, mucho menos en estos tiempos que solo hay guerra.
De este modo, aunque ninguno de los dos estrategas se encuentra particularmente convencidos de sus respectivas misiones ambos comparten la misma devoción por el cumplimiento de su deber y la misma imperiosa necesidad de mostrar ante sus superiores que están dispuestos a sacrificar todo antes de fracasar en su misión y perder la confianza depositada en ellos.
Sin embargo en el campo de batalla las cosas no son tan claras como en las mentes de los comandantes en jefe, en ambos bandos hay historias de valor y coraje opacadas por batallas cruentas e interminables, a cada brillante acción de una tropa que arroja alguna pequeña victoria o posición rápidamente se contrapone alguna contraofensiva que deja nuevamente la situación en tablas haciendo aún más inútil la sangre derramada por ambos bandos; y es difícil poder hacer algún pronostico respecto a cuanto más puede durar esta guerra o que bando podrá salir victorioso; cuando inició la batalla la experiencia de las tropas imperiales, su mayor número y el conocimiento del terreno parecía darles una merecida ventaja pero después de las primeras escaramuzas quedó claro porque el imperio Tau gana gran parte de sus guerras mucho antes de entrar en el campo de batalla; los exploradores y espías han hecho su labor con esmero y precisión y las aparentes ventajas humanas han sido contrarrestadas por una flota y un ejército menor pero altamente tecnificados y especializados y que no temen morir si es necesario para garantizar que el bien supremo se expanda por la galaxia.
Es en este “impasse” de la batalla por Nat a Tavi cuando a través de uno de sus lugartenientes humano un Gue´vesa llamado Kirisutu de su más absoluta confianza el general Tau pide una tregua al comandante humano para poder conversar un asunto altamente confidencial de extrema urgencia.
El comandante imperial accede fingiendo indiferencia, pero con un dejo de preocupación porque en estos días ha aprendido lo suficiente de su Némesis para comprender que seguramente algo grave ocurre.
Durante la reunión se suspende todo tipo de hostilidad y ambos bandos no solo aprovechan para tomar un merecido descanso y atender como es debido a sus heridos, sino que también observan un curioso fenómeno en el cielo del planeta que ninguno de ellos ha visto jamás en los múltiples planetas en los que ha estado.
El espectáculo luce tan bello como inquietante y difícil de describir, una inmensa formación luminosa que avanza lenta e impasiblemente en dirección del planeta con una gracia y una dirección que dejan intuir que definitivamente hay una inteligencia detrás de tan precisa orbita, sin embargo no parece ser ningún tipo de nave que ninguno de los presentes haya visto jamás, porque tampoco parece responder ni a la descripción ni al comportamiento de un vehículo artificial llenando de tanto asombro como duda a ambos bandos que desprovistos de toda precaución contemplan uno junto al otro el extraño “ente” mientras este se acerca lenta pero inexorablemente en dirección a ellos iluminando la noche que pasará a la historia como la “estrella” que paro una guerra entre ambos imperios.
Sin embargo en la tienda-cuartel del ejército Tau donde están reunidos Shas´Vre y Axaelus el asombro ha durado muy poco y se ha pasado rápidamente a la preocupación, en cuanto las mejor equipadas y posicionadas naves de la flota Tau detectaron que definitivamente era una especie de vehículo que no pertenecía a ninguna de las razas amigas o enemigas que ellos conocían y que sus características eran muy diferentes a todo aquello que hubieran conocido trataron de contactar hacia su base recibiendo solo un ominoso silencio como respuesta haciéndoles temer lo peor, pero sobre todo obligándoles a tomar una rápida decisión dado que no habría tiempo de enviar por refuerzos o instrucciones por lo que convencido de que definitivamente el peligro inminente era más apremiante que el conflicto entre ambos y con la intuición de que la raza humana muy probablemente tuviera alguna información que ellos por su “joven” edad como imperio y su apenas incipiente expansión no conocían era mejor trabajar unidos lo cual no sería del agrado de sus superiores.
En esto último concordaba el comandante humano, si alguno de sus superiores por casualidad se asomará en esos momentos a la superficie del planeta vería perplejo como lo que debería ser una encarnizada batalla sin descanso se había transformado en la imagen de dos ejércitos en paz, hombro a hombro viendo con asombro una señal en el cielo.
Lamentablemente era en lo único que coincidían él y su contraparte Tau aparte del mutuo respeto que ambos habían desarrollado por el otro en el campo de batalla, pese a las expectativas del general Shas´Vre de que tuviera información extra de que era lo que iban a enfrentar en las próximas horas realmente Axaelus tampoco había visto jamás ese tipo de vehículo que cada vez estaba más cerca del planeta.
La intuición de ambos lideres apuntaba claramente a que ambas razas debían dejar esa noche sus diferencias a un lado y unirse para prepararse para lo que estaba por llegar esa medianoche y así fue ordenado a sus respectivos pueblos.
Alejandro “Cacharot” Martínez





