Valhalla

enero 21, 2022

Donvrok no solía pensar mucho. Definitivamente pensar daba muy mala suerte. Las pocas veces que había pensado más de unos segundos en algo, cosas malas le habían pasado. Una vez incluso perdió dos dientes, grandes y filosos. No quería acordarse porque pensó ese día , ni que pensó. Pensar daba mala suerte.

 

Sin embargo, era un hecho que los Squig que deberían estar aceitado su hermosa moto de guerra, no lo estaban haciendo. Estaban quietos y tiesos. Moviendo los ojos y con la lengua rígida por fuera de la boca.

 

Al patear al más cercano noto que estaba duro. Casi como si fueran de piedra. Claro que no le dolió ni un poco, pero sí se sintió un poco avergonzado de que una patada suya apenas movió unos centímetros a un squig tan pequeño. Sus patadas solían hacer volar a squig o gretchins por metros. Era algo de lo que estaba particularmente orgulloso.

 

Volteo con cuidado para ver si alguien lo había visto. Solo un patético gretchin. Qué tiritaba y castañeaba sus dientes estúpidamente. Donvrok lo pateo con ganas. Con gusto comprobó como el gretchin voló varios metros. Sin embargo, algo faltaba. Ni un ruido salió de la boca del entupido Gobbo.  Por primera vez en su vida corrió a ver qué pasaba con un gretchin recién pateado.

 

El gretchin seguía tiritando. Donvrok se rasco la cabeza, tomo al infeliz por los tobillos. Y lo pateo de nuevo al estilo bloodbowl. Esta vez un grito ahogado salió de la boca del gretchin mientras volaba por el aire.

 

Mmmm. Algo no estaba bien en este mundo.

 

Donvrok había peleado en planetas verdes, amarillos, azules y hasta morados. Un planeta blanco era novedad para él. Pero no se había puesto a pensar en que si este planeta aparte de blanco tenía algo especial. Pensar daba muy mala suerte.

 

Para no pensar decidió dar una vuelta en su gran moto de guerra. Seguro la velocidad le quitarían esas ganas de pensar.

 

Al darle marcha a su moto, en lugar de el rugido esperado, se oyó un asmático tartamudeo. Ufff ese tipo de ruido avergonzaría hasta el Gobbo más pequeño. Su gran moto de guerra en lugar de dejar sordos a todos los que estuvieran a menos de 100 metros de distancia sonaba con un ruido parecido al que hacían los humanitos con el cuello roto.

 

De nuevo volteo a ver si alguien había visto o escuchado el vergonzoso episodio. No alcanzo a ver nada. Este estupido planeta no solo tenía piso blanco. Ahora el mismo aire estaba lleno de nieve y no dejaba ver nada.

 

Donvork sintió algo parecido a la preocupación. ¿Como podría pelear si no veía? ¿Como podría avanzar a grandes velocidades con su hermosa moto? ¿Como sabría dónde estaba el gretchin o squig que le apeteciera patear?

 

¿¿Seria está el arma de los humanitos?? Mmmm. No sería la primera vez que peleara a ciegas. Alguna vez perdió (por un par de horas) ambos ojos. Y sin ver logro matar a todos sus enemigos (Y una decena de “amigos”). Eso no le preocupaba mucho en realidad.

 

Quizás fue mala idea venir a este mundo tan blanco. Casi sin chatarra. Y con humanitos que se escondían tan bien como conejos. Con sus trajes blancos, solo salían a pelear cuando pensaban que tenían emboscado a Donvrok y su hueste.

 

Pero habían pasado algunos días desde la última vez que Donvrok fingió caer en una emboscada. Ya no salían para nada.

 

Este planeta era aburrido y quizás fue mala idea venir. Pensar da mala suerte.

 

En lugar de pensar, arrancaría su moto y buscarla a otros bobos humanitos que creyeran que lo habían emboscado. Los mataría ruidosamente, y entonces quizás si pidiera a sus estupidos sabiondos que lo llevaran a otro planeta menos aburrido.

 

Fue cuando se dio cuenta que no podía moverse. Qué rayos!!!

Sus piernas y brazos estaban tiesos. Se dio cuenta que su espesa baba era como hielo. Ni siquiera su cabeza podía voltear. Qué brujería!!!

 

Entonces los vio. Lo estupidos humanitos lo veían y se reían de él. Salieron de sus madrigueras de conejo. Envueltos en gruesas capas de pieles. Se acercaron a él. Ni siquiera podía olfatearlos. Su nariz estaba completamente taponada con mucosidad congelada.

 

 

Nunca había sentido tanta rabia y enojo. Ni siquiera cuando perdió esos dos hermosos y filosos dientes.

 

Lo señalaban y se reían más y más. Intentaba ver si algún otro orko veía él vergonzoso espectáculo.

 

Los humanitos se dieron media vuelta, riéndose aun de él. Qué se creían!!! ¡¡Lo dejarían aquí!! ¡¡Ojalá Gorko y Morko estuvieran ocupados viendo otras cosas!! El gran Donvrok fue abandonado congelado en el campo de batalla por un enemigo patéticamente débil.

 

Valhalla. El nombre sonaba bien. El sector había sido jugoso y divertido. Su hueste crecía y crecía como hongos (literalmente).

 

Donvrok no podía ni moverse. Solo le quedo pensar. Valhalla. Había sonado como una buena idea. Pensar da muy mala suerte.

 

Javier “Chilam” Martínez

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